La primera mención escrita respecto al origen del Tarot, la hizo Antoine Court de Gébelin en su importante publicación de 9 tomos llamada El Mundo Primitivo (1773 – 1783), en esta publicación alude a un “antiguo libro egipcio” salvado del incendio de la Biblioteca de Alejandría cuando Julio César tomó posesión de Egipto.

“Contenía sus enseñanzas perfectamente conservadas sobre los temas más interesantes. Este libro del antiguo Egipto es el juego de los Tarots y los tenemos en los naipes”, escribía Court de Gébelin hace más de doscientos años.

EL TAROT EN EUROPA




Cartas de Tarot

¿Especulación demasiado audaz? Los críticos de esta tesis rechazan el origen egipcio del Tarot, por el hecho que las cartas de juego eran por lo general desconocida en Europa hasta antes de 1300. Las setenta y ocho cartas originales aparecen por primera vez hacia 1325.

En su Historia y Crónica de Provenza (Lyon, 1614), César Nostradamus el hijo del gran vidente de Salon, escribe que las cartas de juego están mencionadas en las Crónicas de Provenza del año 1361. Esta observación fortuita implicaría, por el contrario, que los naipes eran ya muy conocidos en esa época.

No hay ningún documento anterior a 1300 que haga mención de setenta y ocho cartas de juego. Sin embargo, ciertas figuras de las mismas cartas, hacen probable la conjetura de su origen egipcio. ¿Cómo interpretar la Esfinge en la “Rueda de la Fortuna”, décima carta del juego? Asimismo, el nombre de la segunda carta “La Papisa” título blasfematorio en países católicos como Italia, España o Francia, donde hicieron su primera aparición pública las cartas, indica, sin embargo, una relación con el Medio Oriente por la asimilación de “La Papisa” con la Gran Sacerdotisa de la antigüedad.

UN ENMARAÑADO MISTERIO

Las 78 cartas iniciales del juego de los Tarots comprendían: veintidós Arcanos Mayores y cincuenta y seis cartas numeradas que tenían dibujadas figuras en cuatro series distintas. Con el curso de los siglos, los veintidós Arcanos y los cuatro caballeros fueron abandonados, no dejando en los naipes modernos más que un total de cincuenta y dos cartas para el juego.

Las cartas de principios del siglo XIV llevaron el nombre de Naibi en Italia y de Naypes en España. Palabras que no son de origen latín, sino que derivan de la voz árabe Nabí, que significa profeta. Las imágenes del Tarot, por ello, presentan un doble enigma: mientras que “La Papisa” era una injuria en los territorios de la Iglesia Cristiana, el nombre árabe de las láminas, Nabí, representaba una profanación en las tierras islámicas, donde el nombre del profeta no debe de ser pronunciado en vano. Hay más, el Corán prohíbe formalmente el juego y por ello los árabes no jugaban a las cartas. Así el origen del Tarot nos pone no solo ante una paradoja, sino ante un verdadero misterio.

LA SOLUCIÓN ES LA ORDEN DEL TEMPLE

Se puede descubrir una solución en la hipótesis de que los Templarios, en la Casa Matriz de su Orden en San Juan de Acre, recibieron estas láminas simbólicas de una cofradía secreta, como la de los drusos del Líbano, herederos de la sabiduría egipcia. El camino recorrido por estas imágenes podría haber tenido su punto de partida en las Pirámides, pasar por Baalbeck y Acre, para llegar eventualmente a París, sede principal de la Orden del Temple.




De sobra es conocida la sombría fortuna de los Templarios hacia 1300. La ciudadela de Acre había sido arrebatada a los cristianos por el Sultán de Siria, esto en 1291. El día 13 de octubre de 1307, un viernes siniestro, la Orden del Temple fue disuelta por el Papa y todos sus miembros fueron arrestados por el Rey de Francia.

La fecha de la aparición pública del Tarot coincide extrañamente con el momento en que fue disuelta la Orden de los Templarios. Es posible que entonces al verse acorralados, los templarios hubieran decidido abandonar sus naipes simbólicos poco antes de que empezara la persecución de que fueran objeto. El Tarot, que en francés se pronuncia TARO, acaso sea el anagrama de ORTA y Orden del Temple.

Además, Louis Charpentier ha demostrado brillantemente que los jefes de la Orden del Temple dejaron un mensaje secreto, en un dibujo de la Catedral de Chartres, relacionado con el Tarot. El mismo Charpentier ha descubierto sorprendentes analogías entre la geometría de aquel santuario y el trazo de la pirámide de Keops. A la luz de sus descubrimientos, la posibilidad de una relación entre los templarios europeos y la representación criptográfica del Tarot de Egipto no puede ser discutida.

UN SECRETO TRANSMITIDO POR COFRADÍAS

No es improbable que hasta el siglo XIV las cofradías secretas de Egipto, de Siria y de Palestina, igual que la orden de los Templarios, hayan sido las guardianas de las láminas simbólicas del Tarot. Después del feroz exterminio de los Caballeros del Temple, los miembros supervivientes de la Orden cedieron el paquete de naipes a los aficionados a los juegos, al estar convencidos de que el vicio sería el guardia más seguro de los antiguos criptogramas para las generaciones venideras. Esta confianza (fundada en un profundo conocimiento de la naturaleza humana) ha resultado ser plenamente justificada.

Así durante varios siglos, las setenta y ocho cartas originales sirvieron exclusivamente para la diversión y el juego. El hábito de decir o leer la fortuna por medio de los naipes del Tarot, no empezó hasta unos siglos después de la aparición del juego. Sin embrago, muchos estudiosos afirman que estas imágenes, desde su aparición en Egipto, han sido leídas por los iniciados como si se tratara de sus veintidós letras del alfabeto de la divinidad. En el Tarot, de acuerdo a esta tesis, están encerrados los símbolos de las fuerzas cósmicas que operan en todos los niveles. Por ello puede encontrarse en el Tarot no solo la clave del destino individual si no el de toda la humanidad. Se trata del verdadero camino de la conciencia; por ello resulta natural que se encuentre rodeado de enigmas hasta el día de hoy.