Anneliese en su infancia
Anneliese, una buena niña
Nacida en una pequeña población en Alemania, Anneliese Michel era considerada una buena niña. La fuerte crianza católica determinaría factores de su personalidad y la llevaría a un final trágico. Con tan solo 16 años, Anneliese comienza a sufrir ataques donde termina retorciéndose en posiciones imposibles. Los médicos rápidamente alcanzan un diagnóstico, Anneliese sufre de epilepsia. Se ordena que sea internada en una clínica psiquiátrica de inmediato.Los días se convierten en semanas y en meses, Anneliese sigue internada pero sin indicios de mejora, por el contrario, cada vez se encuentra peor. Los fuertes psicotrópicos las han sumido en una profunda depresión y nubla su mente con alucinaciones. Anneliese se convence a sí misma de que está poseída por un demonio.Han transcurrido tres años desde su ingreso al hospital y Anneliese decide que la medicina tradicional no podrá hacer nada por ella ni por el demonio que vive en su interior. En una decisión que va contra todos los consejos médicos, la joven resuelve regresar a casa y buscar ayuda espiritual.
Anneliese con su madre
La fallida intervención divina
Convencida de que son los demonios quienes atormentan su mente, es la propia Anneliese quien pide un exorcismo. Su condición se deteriora mientras espera por la aprobación de la iglesia que sorpresivamente le niega su petición en varias ocasiones. Le faltan tres requisitos, aversión por los objetos religiosos, fuerza desmesurada y hablar idiomas que desconozca. Es informada sobre esta lista y eso se convierte en un factor determinante.A partir de ese momento sus síntomas empeoran. Deja de consumir alimentos y en cambio come moscas, arañas y carbón, para hacer las cosas peores, se bebe su propia orina. Su comportamiento se torna violento contra las imágenes religiosas y es entonces cuando comienza a golpearse contra las paredes y el suelo. Es entonces cuando la iglesia accede a practicarle un exorcismo.Una cura peor que la enfermedad
Entre 1975 y 1976 se le practican sesiones de exorcismos diarias. Durante estas, Anneliese se retorcía y mostraba tanta fuerza que tres personas no eran suficientes para detenerla. En varias fotografías se evidencian las lesiones en su cuerpo, tenía las rodillas destrozadas, la nariz partida y le faltaban algunos dientes, sin contar con las heridas internas.Cansada y con una neumonía que le deteriora la poca vida que tiene, Anneliese pide la absolución en junio de 1976. Pasa poco tiempo y fallece en su casa. Ni la medicina ni la fe pudieron hacer nada por ella, la joven bajó al sepulcro sin haber encontrado la paz en esta vida.
Imágenes de las lesiones de Anneliese






















