EL CUARTO CIRCULO

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Era demasiado tarde para llegar a tiempo, mi cabello estaba perfecto, al igual que el maquillaje que traía, todo estaba impecable, la blusa finamente planchada sin pliegues, el saco color beige, el pantalón negro de vestir y el pequeño bolso de cuero sintético en el que guardaba el dinero que logre obtener sin ser descubierta, antes de salir de casa me vi una última vez al espejo, todo tenía que ser perfecto en mí, no toleraría la idea de tener que compararme con otra mujer en la calle para después tener que regresar a casa a cambiarme de atuendo y así lograr verme mas hermosa, mi reflejo en el espejo solo me mostraba desesperación y unos kilos de mas, mis meses en el gimnasio al igual que el dinero que invertí en comprar apretadas fajas para así amoldar mi cuerpo, fue en vano, rendida y frustrada, rompí la tela del traje barato que pude obtener en una tienda de segunda, desate el moño que traía muy sujetado, y deshice mi maquillaje con agua y algodón, estaba harta, harta de verme siempre igual, todo esfuerzo hacia mi físico era un desperdicio total, tenía mis inseguridades reforzadas, mi baja autoestima estaba por llevarme a un colapso mental, prepare la ducha con agua helada, necesitaba refrescar mis ideas, algo se me tenía que ocurrir, mis anteriores convicciones fueron todas un éxito, aunque tuve que trabajar en no dejar rastro alguno, las personas suelen ser muy ingenuas, en cuanto a creer a una universitaria de 19 años se trata y no los culpo.

El agua estaba helada, incluso con la calefacción intentando enfervorizar el ambiente, podía sentir los -3 grados de la temporada de invierno, tenía la piel escarapelada, y una rara sensación de nerviosismo descendían por mi abdomen, -oh vamos, como es que no tienes un plan para esto- me pregunte enfurecida, comencé a darme leves golpes en la cabeza que iban subiendo de intensidad, tratando de que las ideas broten de mi conciencia, de pronto brinque de la bañera, me puse rápidamente la bata de baño para evitar contraer algún resfrió, deshice todo el armario tratando de buscar lo más decente que tenía guardado, sin dudar en que tan bien lo iba a lucir, tome el bolso que reposaba en la pateadera de la cama, al igual que las llaves que estaban en el escritorio, y salí del piso del apartamento que mi madre me rentaba con 300 al mes, un costo barato para un piso grotesco para la vista y la memoria, afuera estaba nevando, tome un taxi con destino a casa de mi madre, muy lejos en los estrechos de la ciudad, una zona pobre y nefasta, que solo transmitían pobreza e injuria, es lógico saber la razón por la que ya no vivo ahí, debía mantener mi reputación firme, los juegos de roles y personalidad que había conseguido estaban muy bien establecidos, pero faltaba el toque final, para que mi personalidad, para que mi buen desempeño en mi físico al fin de resultados para la sociedad.

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El viaje fue lejos, tenía en frente la casa que no visitaba hace dos navidades, ver de nuevo a mi familia después de mi graduación de la secundaria iba a ser difícil, debía responder preguntas y dudas sobre mi nueva vida, nada nuevo para mí, algo más que pueda inventar, después de tocar la puerta de roble viejo que estaba descascarándose con el paso de los años, al lado solíamos tener un pequeño jardín que en primavera lucían hermosas rosas rojas, algo que siempre me fascino, de niña adoraba cuidar este jardín, lástima que con mi partida este pequeño vergel fue abandonado, solo quedan tallos secos y pétalos regados por la nieve que envolvían la tierra húmeda, la puerta se abrió ligeramente para observar de que visita se trataba,  mi madre mostro una cara de asombro al verme de visita después de casi 2 años, la salude cálidamente, ella me invito a pasar, el lugar estaba abrigado, ella se encontraba sola, puesto que mi papá y mis hermanos trabajaban en una compañía textil que no hacían mas que explotarlos, por un injusto sueldo que no llegaba ni al promedio. Tome un pequeño recorrido por la casa, todo estaba como antes, los muebles grisosos con un cuanto de polvo que mi madre no se preocupaba en quitar, el árbol de navidad aún seguía en pie, sin tener en cuenta que ya estábamos por ingresar a marzo, – A que se debe tu visita-, me pregunto eufórica, -los extraño mucho y vengo a visitarlos ahora que aún no inicia la universidad- mentí, ella se mostró contenta y me ofreció una tasa de chocolate caliente, le explique que pasaba un rato ya que tenía trabajo dentro de una hora y que las calles estaban bloqueadas por la tormenta de nieve de la noche anterior y que no quería llegar tarde o me descontarían, ella apurada se puso de pie y se dirigió a la cocina, – iré a mi habitación, tengo unos libros que olvide sacar- ella acento y continuo con lo suyo, subí rápidamente al segundo piso de la casa, era un corredor muy largo con 4 habitaciones, me dirigí a la habitación de mi madre trate de caminar lo más lento y delicado posible para así no dar a conocer mi posición con el ruido del viejo piso de madera, abrí su armario, tenía ropa vieja empolvada y guardada en bolsas que ya no usaban, al fondo de todo eso tenía un cofre plata que guardaba dinero de reserva y una tarjeta de crédito en donde tenía reservado dinero por si había ´´alguna emergencia´´ , escuchaba como pasos que subían por las escaleras, mi corazón comenzó a latir muy rápido y las manos me empezaron a temblar y sudar, rápidamente tome la tarjeta y la reemplace con la mía para que así no note su ausencia, cerré la puerta del closet, -¿Que haces?- me pregunto confundida, -solo, solo buscaba unas fotos mías-, frunció el ceño mientras acomodaba unos sacos, retrocedí y choque con la puerta, -me, me tengo que ir, llegare tarde-, salí corriendo de la casa y tome el primer taxi que apareció, -a la clínica central- le ordene.

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Sentí un alivio al tener la tarjeta en mis manos, le di un beso y lo guarde en mi bolso, el camino se me hacía largo, quería llegar ya, esto no puede tomar más tiempo, en mi mente visualizaba el cuerpo perfecto, nunca más me tendría que comparar con esas mujeres que salían en las revistas, nunca más tendría que matarme en el gimnasio, y esperar meses para ver los resultados, -llegamos-, salí rápido del taxi, y me dirigí a pedir una cita en la tan conocida clínica, donde quedabas ´´de maravilla´´.

-Siéntese, que consulta desea realizar-, – deseo realizarme ya mismo una abdomiplastia, aumento de pecho y de glúteos-, el doctor carraspeo y dio pase a explicarme cada paso de los procedimientos que me quería realizar, nada que yo no tenía en conocimiento, vengo trabajando desde los 16 para cubrir las cirugías que siempre soñé, pero todo el dinero ahorrado fue invertido en mis estudios, – primero debo de realizarle algunos controles de rutina, le tengo que dar unas cuantas pastillas, y hacerle un riesgo de cirugía, y en quince dias estará lista solo para poder realizarle solo la abdomiplastia-, solté una risa de burla y le repetí que quiero las tres cirugías para hoy, el doctor confundido por mi prisa me recalco que era algo imposible por mi edad, me levante y azote la puerta del consultorio, sin rendirme, tome mi celular para buscar alguna otra clínica, para mi sorpresa tenía 20 llamadas perdidas de mi madre, solo se suponía una cosa, ella ya se había dado cuenta del robo, apague mi celular para no sentirme ofuscada y centre mi atención en un anuncio pegado en un mural que promocionaban cirugías muy cerca de donde me encontraba, sin dudarle me dispuse a ir, al llegar, una doctora algo mayor me atendió educadamente, y me dio la noticia de que esta misma tarde podía realizarme las operaciones que tenía en mente, muy feliz aplaudí y pase la tarjeta de mi madre para cubrir los gastos, mientras ella se ocupaba de facturar el pago, eche un vistazo al lugar, tenía una camilla que estaba alumbrada por una lámpara con una baja luz, al lado un mostrador con medicamentos que desconocía, todo era cubierto por unas cortinas azules que estaban manchadas con un líquido marrón, -tenga su tarjeta, puede ir poniéndose la bata mientras que yo preparo los utensilios-, se me hacía raro que ella fuera la única persona que trabaje aquí, no tenía enfermeras ni ayudantes, éramos solo ella y yo, no le tome importancia y decidí no preocuparme.

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Ya me encontraba tirada boca arriba en la camilla, la luz ni llegaba a empeñarme los ojos, veía en la doctora, sus desgastados ojos al igual que su vistas y sus manos temblorosas, me mostraba lentamente un coctel de vacunas que procedió a inyectarme en la vena, me sugirió que me relaje y piense en un lugar bonito, y eso hice, de pronto no sentía mi cuerpo, era como flotar, sentía un estado de relajación absoluta, la anestesia había logrado sus efectos, era un sueño tan lucido, no como los anteriores, tenía control sobre mis acciones, podía decidir cada escenario en el que me quería proyectar, era una experiencia fuera de lo normal, imagine paz, simple paz y calma, el pasto se volvía cada vez más suave y blando, ya no pinchaba mis pies, de pronto perdí la condición de controlar mis acciones, que es lo que está pasando, el piso se abrió y antes de que pueda huir, caí desmesuradamente por un abismo oscuro, no podía ver ni mis propias manos, era la oscuridad total, que era esto, quiero gritar pero no puedo, quiero sostenerme de algo pero no encuentro nada a mi alrededor, la caída era cada vez mas rápida, pero no veo el final del túnel, donde está el final, que es el final, donde estoy, que es eso, eso es ¿fuego?, porque estaría imaginando estar dentro de un volcán, de seguro estoy por despertar, es uno de esos sueños en los que caes con desespero y cuando llegas al fondo abres los ojos y  te das cuenta que todo se trató de un sueño lucido, el fuego estaba más cerca de mis pies, caí, caí en concreto muy duro, a mi alrededor habían personas de aspecto demacrado, débiles pero sometidos a un arduo trabajo incoherente, que clase de pesadilla es esta, la más loca que pudo crear mi imaginación, le di un vistazo al lugar, era una especie de colina, o de pisos, es difícil de describir, cada piso contaba con personas haciendo diferentes acciones, antes de continuar con mi recorrido visual, un hombre de aspecto fuera de lo común de me acerco, vestía un manto blanco que no cubría todo su cuerpo, tenía la barba poblada al igual que su cabello, su simple presencia me causaba nerviosismo, -bienvenida al cuarto circulo Elizabeth, acércate que la eternidad te espera-, ¿qué?, eternidad, donde estoy.

Cuarto circulo del infierno – Oigan todos ustedes, nuevos y antiguos, mis eternos señores del cuarto circulo- grito para todos los presentes en este piso, -Los incontinentes criminales del cuarto círculo son codiciosos y extravagantes, están condenados a empujar un enorme peso dorado-, termino de hablar y el silencio inundo el lugar, – quiero oírlos trabajar- grito, todos ahí comenzaron a quejarse, sus quejidos desesperaban mis sentidos y colmaban aún más mis nervios, -Acércate, bienvenida al infierno- dijo Pluto, el rey de la riqueza y guardián del cuarto circulo.

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Mis sentidos se agudizaron y lograba percibir cada corriente, cada percepción, cada emoción, era la peor sensación que pude sentir en mi vida, – ¿vida?, ¿acaso imaginabas vida?-, entre carcajadas podía notar la burla que emanaba de su interior, – desdichada Elizabeth, esto es todo menos vida, en vida quien fuiste, acá abajo pagaras lo que hiciste-, que hice, que alguien responda que hice, los quejidos y lamentos no dejaban de perturbar mis oídos, lance un grito que al parecer nadie noto, un estado de ansiedad me inundo, comencé a jalarme el cabello, jalar mi ropa, a arañarme los brazos y a golpearme para así despertar, todo intento por volver a estar consiente fue en frívolo, las demás personas sin dejar de hacer su ardua labor, me miraron fijamente a los ojos, eran los ojos mas vacíos y tristes que podía observar, no tenían fondo, no tenían sentimientos, no tenían vida, entre los lamentos volví a escuchar aquella risa inquieta,- Elizabeth, estas condenada a la eternidad, tu única esperanza es el día del juicio final, ahora tu alma reposa a la espera de tu salvador, quien será el único quien a ti podrá juzgar, ahora debes pagar lo que en vida fuiste, avara, oh joven risueña, anhelo la juventud que tenías, llena de pasiones y ambiciones, sin embargo ahora pagar tus condenas mereces-, sin dudarlo me lanzo al grupo de personas que giraban arrastrando una gran roca, de inmediato mis manos se magnetizaron en ella, el peso era indescriptible, al igual que el dolor que poco a poco aparecía en toda mi columna y descendían a mis piernas, era solo el inicio, el inicio de mi condena, el inicio de mi castigo eterno por mi avaricia, el inicio de una súplica sin respuesta, el inicio de mi eternidad en el cuarto círculo del infierno.

Dante Alighieri, escultura en Italia en la Plaza de la Santa Cruz

Autora: Valeria Meza Príncipe

Referencias: La divina comedia (poema de Dante Alighieri).

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