Desde hace varios años, la arqueología es considerada una ciencia de gran importancia para culminar la investigación de ciertos casos en la historia. Gracias a ella, y a la paleontología, sabemos acerca de la existencia de los dinosaurios; también sabemos que, antes de las civilizaciones modernas, vivieron otros seres humanos con características muy particulares y distintas a las del hombre actual. Esto último, a través de herramientas o rasgos distintos en partes del cuerpo humano halladas, como el caso de algún cráneo u otra osamenta.

A través de la arqueología, aunado a otras ciencias como la genética, se han descubierto restos de animales extintos o criaturas ancestrales que ahora mismo intentan reproducirse en laboratorios con fines investigativos. Al vincularse con la geografía, también nos ha ofrecido un panorama de la historia de la tierra, ofreciendo detalles del origen de yacimientos de metales o agua. Sin embargo, hay ocasiones que en vez de resolver un misterio lo desencadena.

Herramientas arqueológicas

Un descubrimiento polémico

 

En los años 30, una muchacha halló en un pueblo mexicano una mina abandonada. Cada vez que podía escapar de sus padres y obtenía las herramientas necesarias, exploraba las profundidades de la misma. Un día descubrió un esqueleto humano, y debajo de él había restos de otro cuerpo, aunque algo pequeño y de proporciones extrañas, como las de un niño con una enfermedad genética.

La muchacha escondió de nuevo los esqueletos con tal de examinarlos más adelante con mejor precisión. Lamentablemente, ambos esqueletos se perdieron en una barrada, pero la muchacha pudo salvar, en primera estancia, la parte superior del esqueleto más pequeño y la llevó consigo como el mayor de sus tesoros, guardándola por muchos años, con la finalidad de buscar el resto de los huesos en días posteriores.

A la derecha, un cráneo humano promedio. A la izquierda, el cráneo recogido por la muchacha con una mandíbula normal reconstruida

Lloyd Pye y el Starchild Proyect

 

Ya mujer, nunca dio información adicional sobre el pueblo mexicano o la ubicación de la mina. Recoger y guardar los huesos fue un proyecto personal que no mencionó hasta cerca de su muerte, en los años 90. Los amigos de la mujer contaron su historia y obsequiaron los huesos, en 1998, a Ray y Melanie Young, una pareja de estudiosos de Texas, Estados Unidos.

Ambos evaluaron las condiciones de los restos, sobre todo los del niño aparentemente enfermo. Su historia se convirtió en un rumor que las autoridades no tardaron en corroborar. Los Young entregaron los huesos a especialistas científicos, quienes separaron los restos del hombre promedio y los del niño enfermo para estudiarlos con detenimiento.

Cráneo del niño enfermo, conocido a partir de 1998 como El niño de las estrellas

Los resultados de la investigación química detectaron que los huesos contenían tierra del norte de Mèxico. También corroboraron que el niño fue enterrado apenas al morir, mientras que, en investigaciones posteriores, se confirmó que el adulto murió acostado encima de la tumba del menor.

Lloyd Pye, un investigador de disciplinas alternativas, se convirtió en 1998 en el fundador de un proyecto que busca reconstruir la historia de este niño enfermo. Fue Pye quien dio a conocer el misterio como “El niño de las estrellas”. Junto a los Young y otras amistades cercanas, Pye inició un estudio exhaustivo del cráneo y determinó que no podía ser humano.

 

El niño de las estrellas: primeras teorías

 

Lloyd Pye y su equipo pasaron los primeros años de estudio intentando encontrar otros casos de “niños” con malformaciones craneales. Si bien, primero se creyó que podía haber sido un caso común de hidrocefalia, el Proyecto Niño de las estrellas o Starchild Proyect no quedó muy convencido. Estaban inclinados hacia la idea de que el origen del cráneo no era terrestre, es decir, querían probar científicamente que aquel niño era, en realidad, un visitante de otro mundo.

Lloyd Pye

Muy pronto las protestas de otros científicos pretendieron frenar el proyecto. Creyéndolo algo descabellado e impropio del espíritu de la ciencia, Pye fue criticado, pues lo consideraron ingenuo. En contraposición al Starchild Proyect, otros estudiosos concluyeron que se trataba de malformaciones genéticas como el Síndrome de Morgellon, sin embargo, el proyecto siguió adelante.

Un hallazgo extraordinario: el gen extraterrestre

 

Con el apoyo de genetistas convencidos por los argumentos de Pye y sus colaboradores, entre el año 2000 y el 2003 se hicieron evaluaciones al cráneo del Niño de las Estrellas. Los resultados arrojaron una nueva posibilidad: los restos pertenecían a un niño que vivió 900 años atrás, aproximadamente, con altas probabilidades de compartir una base genética humana y alienígena.

Melanie Young, colaboradora principal de Starchild ProyectMelanie Young, colaboradora principal de Starchild Proyect

En seguida la noticia se hizo viral. El Niño de las estrellas era, en realidad, una mezcla homogénea humana y extraterrestre. Estudios más avanzados lograron extraer los datos genéticos de la madre, una presunta humana, pero no los del padre, debido a que la médula ósea y los otros elementos que permitirían sustraer el código genético no eran suficientes. Pese a que se sabe que los genes no son humanos, siguen siendo un misterio.

Más adelante, se hicieron otro tipo de exámenes. Se comprobó que el esqueleto hallado junto al Niño de las Estrellas no tenía ninguna conexión genética, es decir, no era la madre del Niño, aunque es muy probable que lo enterrara y lo protegiera hasta el fin de sus días. Con los rayos láser se especificó que el tamaño la cavidad cerebral era un poco más grande, mientras que la cavidad ocular y la forma craneal tenían dimensiones comunes.

Fotocopia del estudio genético en 2003 en el que se intentó separar el gen paterno del cráneo. Como puede observarse, fue un fracaso

Otros estudios sobre el cráneo del Niño de las estrellas

 

También se hicieron estudios al resto de la mandíbula superior. Se presume que sus dientes eran del tamaño y forma promedio, por lo tanto, se pudo determinar la edad del infante.  Aparentemente, el Niño de las Estrellas debía tener unos seis años al momento de su muerte.

Restos de la mandíbula superior. Es probable que el niño tuviera todos sus dientes “de hueso”.

En 2004 se cortó un pedazo muy fino del cráneo para observar su textura y dureza. La investigación concluyó que, comparado con el cráneo de la mujer que lo acompañaba, los restos del Niño de las Estrellas son mucho más delgados y opacos, con un color amarillento impropio del hueso humano promedio y también más resistente.

Según las consideraciones de los especialistas, la capacidad auditiva del Niño de las Estrellas era superior a la humana, puesto que la cavidad correspondiente al oído interno del cráneo tiene una forma especial que permite una mayor captura de sonidos de manera más eficiente.

Muchos científicos y artistas han intentado reproducir las facciones del Niño de las estrellas. Aunque las ilustraciones muestran un ejemplo aproximado, algunas tienen rasgos compartidos: orejas caídas, rostro alargado y delgado, ojos muy juntos y grandes. Se ha especulado mucho sobre su piel o su tamaño, pero eso es algo que los científicos no pueden atender pese a todos los avances tecnológicos disponibles.

Lo único cierto es que, sea o no un híbrido de especies diferentes, su historia en vida quedará para siempre en el misterio. Nunca se sabrá cómo fue su convivencia con otros niños, si fue aceptado en su pueblo o si poseía otras habilidades parasistémicas. Por ahora, solo queda esperar los resultados de nuevas investigaciones.