A lo largo de la historia, el Ankh (un jeroglífico egipcio, un símbolo muy utilizado en la iconografía de esta cultura) ha planteado misterios que permanecen sin resolver. El significado esotérico que tradicionalmente se le ha conferido es el de símbolo de la vida o la representación integral de la trilogía alegría-vida-eternidad. Para los antiguos alquimistas, el Ankh representaba la vitalidad y la energía.

En ciertos momentos de la historia, el Ankh ha sido también considerado como talismán sexual, símbolo andrógino que representa indistintamente los aparatos genitales femenino y masculino. Sin embargo, debemos remontarnos a sus misteriosos orígenes para poder evaluar las hipótesis que se han dado sobre el Ankh.

EL ANKH ENTRE LOS EGIPCIOS




En nuestro legado cultural, el Ankh hace su primera aparición entre los egipcios y es por ello que se ha considerado que surge precisamente en el antiguo Egipto. El Ankh es, sin duda, el símbolo más persistente en la escritura jeroglífica egipcia, y prácticamente no existe pasaje en el cual no aparezca este signo. En las pinturas aparece siempre sostenido por dioses o reyes que lo llevan en la mano tomándolo por la espiral.

Recordemos ahora que, entre los egipcios, los faraones eran considerados descendientes directos de los dioses. Por lo tanto, el Ankh viene a ser un símbolo exclusivo de los dioses, que solo ellos pueden poseer y llevar. Uno de los faraones, quizás el más famoso pues su tumba se halló inviolada hasta nuestros días, fue el joven Tutankamon. Los espejos dejados en su tumba están confeccionados en forma de Ankh y prácticamente en todos los elementos del tesoro hace aparición este intrigante símbolo.

Para los egiptólogos, el Ankh significa la vida y la fuerza para generar la misma, este atributo es característico y exclusivo de los dioses. Las explicaciones más conocidas del origen de la forma del Ankh son muy variadas y contradictorias, pero se destacan tres de ellas por ser las más difundidas. La primera afirma que el Ankh es simplemente una derivación de la forma de la cinta de una sandalia egipcia; la segunda la relaciona con el nudo de la diosa Isis, madre y dadora de vida; la tercera explicación supone que la espiral representa al Sol, la barra horizontal a la superficie de la Tierra y la barra vertical es la energía solar, la potencia más apreciada, entrando en la tierra.

¿Son satisfactorias estas explicaciones? George Michanowsky, autor del libro “The once and future star” no lo cree así. En su obra, el conocido explorador plantea la inquietante posibilidad de que los orígenes del Ankh se remontan más allá de los egipcios y su significado es aún más importante.

EL ANKH DE LOS SUMERIOS

George Michanowsky ES UN RENOMBRADO HISTORIADOR y explorador. Miembro del Instituto Naval de los Estados Unidos y del Instituto de Aeronáutica y Astronáutica Estadounidense. Michanowsky es además uno de los consejeros científicos del Club de Exploradores. A este club han pertenecido personajes tan importantes como Edmund Hillary y sir John Scott, quienes conquistaron la cumbre del Everest y el Polo Norte.; Thor Heyerdhal, famoso por sus viajes en las balsas Ra y Kon-Tiki e Ivan T. Sanderson, descubridor de las doce zonas magnéticas aberrante de la superficie de la tierra.

En su libro, George Michanowsky, hace un análisis lingüístico que lo lleva a concluir que el Ankh se origina entre los sumerios, pueblo de Mesopotamia muy anterior a la cultura egipcia y piedra angular de la civilización occidental. Según Michanowsky, el ankh sería el nombre de una supernova ocurrida alrededor del año 6000 antes de nuestra era y a la que los sumerios bautizaron con “El Pez del Cielo”, “an-ha” que originalmente se escribió “ha-an” en la tradicional escritura cuneiforme propia de las culturas mesopotámicas.




Las afirmaciones de este investigador se ven reforzadas por recientes descubrimientos astronómicos que han permitido determinar sin lugar a dudas que una supernova estalló hace alrededor de ocho mil años. Esta sería la supernova que más cerca a nuestro sistema solar se haya dado. Como es sabido, una supernova es una estrella cuyas condiciones interiores la hacen estallar súbitamente, descargando toda su energía en un instante y produciendo fenómenos de increíble espectacularidad en el cielo durante varios días. Sin embargo, el hecho no es muy frecuente y, sin duda alguna, su aparición dejaría una profunda huella en cualquier cultura humana que la contemplase. Novedosas técnica de observación a través de satélites han demostrado que un fenómeno de esta naturaleza tuvo lugar durante el florecimiento de la civilización sumeria y que fue claramente visible en los cielos del hemisferio sur. Este estallido supernova ocurrió en la constelación de Vela, cuyo nombre se refiera a la vela de un barco. En ciertos jeroglíficos egipcios es posible encontrar el símbolo del Ankh asociado con el de la vela de un barco y la conjunción de ambos elementos se traduce como “el aliento vital”.

La expresión “an-ha” o “ha-an” es también uno de los nombres del dios E-A, quien era la deidad sumeria de los mares y los cielos del sur y con quien cree George Michanowsky que se relacionó la gran supernova. El investigador hace notar también el hecho de que la primera vez en la historia en que se representa una expresión simbolizando la vela de un barco es en el lenguaje cuneiforme sumerio. Se le encuentra en la palabra “lug-sha-ha” que hasta hace poco tiempo no había sido comprendida más que en su acepción general. A la luz de sus estudios, George Michanowsky ha llegado a la conclusión de que la frase significa “la vela del corazón del pez”. El pez, es por supuesto, el dios E-A y su corazón sería la estrella de la vela, la supernova.

EL SIGNIFICADO DEL SÍMBOLO DEL ANKH

De acuerdo a la interpretación de este estudioso, la espira superior del Ankh representaría la supernova, y la barra horizontal sería el horizonte sobre el cual se la veía desde Sumeria. Este horizonte correspondería al actual golfo Pérsico, sobre el cual los sumerios habrían visto la estrella tan baja que sin duda parecía estar en contacto con las olas.

Esta es la otra razón por la cual también llamaban a esta estrella Mul shu-dun a-ab-ba (la estrella que sirve de yugo al océano). Por otro lado, resulta curioso comprobar que la barra vertical del Ankh es más pequeña y menos importante mientras más antiguo es el documento en el que se encuentra. Esto sugiere que dicha barra fue creciendo por deformaciones históricas y su actual forma no corresponde con exactitud a la original forma egipcia. Con respecto a Isis, Michanowsky encuentra su origen en la diosa madre de los sumerios Nim-mah, cuya constelación se hallaba inmediatamente al norte de Vela. esta diosa, según los estudios de mitología sumeria es quien dio luz a “An-ha”.

EL MISTERIO DE LOS DIOSES

La relación que tiene la hipótesis de que el Ankh represente al Sol y la de George Michanowsky, nos lleva a nuevas interrogantes. La comprobación científica del estallido de la supernova de Vela nos hace pensar sin duda en los habitantes del sistema solar que tuvo ese sol. Para ejemplificar la potencia de un estallido de supernova, pensemos que, si nuestro sol estallase, todos los planetas del sistema sólo quedarían en cenizas y la supernova iluminaría el cielo de Siria hasta convertir las noches en días. ¿Fue acaso la supernova Vela la causa de que los dioses viniesen a la Tierra? Si los dioses, los antiguos astronautas, hubieran venido como una raza en busca de un hogar nuevo después de la destrucción de su planeta, podrían haber utilizado la Tierra como una base para continuar su búsqueda, ¿respetando el hecho de que nuestro planeta ya tenía una forma de vida inteligente?

¿Acaso el Ankh fue la forma gráfica en que los dioses explicaron su lugar de procedencia a los antiguos sumerios? Es posible incluso que ya los sumerios tuviesen el símbolo y que éste adquiriese su enorme significado religioso al llegar los dioses y mostrarlo como su anterior hogar. ¿Resulta entonces el Ankh la última respuesta al origen de tantos mitos, incluida la descendencia divina de los faraones? ¿Fueron acaso los faraones? ¿Fueron acaso los faraones antiguos astronautas que decidieron no proseguir el viaje y quedarse en la Tierra? La nueva luz arrojada por George Michanowsky en su libro despeja algunas incógnitas pero, como siempre, nos abre nuevos misterios sobre los orígenes del conocimiento humano.