Esta es la historia del modelo de esposa perfecta hace un siglo atrás. Hablaremos de esas personalidades que en todo el mundo se les recuerdas por sus buenos actos, pero que en realidad tienen un pasado oscuro y perverso. Es el caso de Thomas Day un famoso escritor británico que luchó a través de sus escritos contra la esclavitud de la época, estamos hablando de mediados del siglo de 1700. Sus artículos y libros dieron lugar a que mucha gente europea de la época pueda tomar conciencia en contra de la compra y venta de seres humanos en la parte del Atlántico, y es por estos actos que se lo recuerda de manera muy positiva. Pero Thomas Day tuvo un pasado muy macabro. Y pasado mucho tiempo de no poder encontrar a la pareja perfecta y por ende poder casarse se inspiró en el tratado de Rousseau denominado Emilio Day ya todo un icono de la lucha contra la esclavitud, yendo contra todos sus pensamientos decidió “adoptar” a dos niñas huérfanas, llevarlas a su casa  y criarlas como sirvientas, todo esto bajo un rigurosísimo programa de entrenamiento con la finalidad de convertirlas en el prototipo de la “esposa perfecta”.




Joven en edad casamentera

Thomas muy obsesionado con la idea de poder lograr la pareja perfecta, y con la posibilidad de poder conseguir muchas cosas por su alta posición social, convence a su amigo John Bicknell de poder realizar la tarea de buscar por todos los hospitales y asilos de huérfanos de niños en Inglaterra a dos niñas que se encuentren bellas y sanas y que igual que el libro Emilio de Rousseau tengan que ser huérfanas y no tener ninguna incapacidad ni física ni mental. Justo después del 21º cumpleaños de Day en junio de 1769, él y John Bicknell viajaron al Shrewsbury Orphan Hospital para elegir a la primera niña para su experimento. Sabrina tenía 12 años en ese momento, y se describió como “una morena castaña clara, con ojos más oscuros y mechones castaños y castañazos más brillantes”. Era esbelta, y tenía pestañas largas y una voz agradable. Day estaba luchando por elegir a una chica para el experimento, y Bicknell rápidamente la eligió. La pareja no le dijo al secretario del orfanato, Samuel Magee, sobre el experimento planeado. En cambio, le dijeron que iba a ser contratada como sirvienta en la casa de campo de Edgeworth en Berkshire. De acuerdo con los requisitos del orfanato de que la responsabilidad recaiga en un hombre casado, Edgeworth sería legalmente responsable de Sabrina.

EL PROCESO DE TORTURA

Con las dos niñas en su poder, Day las trasladaría a Paris para iniciar lo que el llamó su proceso de educación, enteramente basado en su propia interpretación sobre el tratado de Rousseau. Este proceso incluía poder remover toda “frivolidad” del entorno de las niñas, así como generar un desprecio a todo lo que sea lujos excesivos, así que sus habitaciones eran muy precarias y extremadamente austeras con una educación muy intensiva y severa. Para todo este experimento era necesario que las niñas viviesen lo más aisladas de la sociedad, solo teniendo contacto con sus profesores, y contrató a sirvientes que solo hablen en francés, con el único propósito que las niñas solo pudiesen comunicarse con estos. La obsesión del escrito hizo que sea desmedidamente abusivo con ellas, utilizó técnicas inusuales, excéntricas y, muchas veces crueles, para tratar de aumentar su fortaleza, como dispararle ceñidores en las faldas, gotear cera caliente en sus brazos y hacer que se meta en un lago completamente vestida para probar su resistencia al agua fría. Todo esto lo hacía amparado en su riqueza; que heredó a muy temprana edad, permitiéndole comprar los favores de las autoridades y demás personas de poder, para así moverse al margen de la ley.




Manual de la buena esposa

Despues de todo este proceso tortuoso, Day vuelve a Inglaterra solamente con sabrina, por que ya en unas cartas que le envió a su amigo y confidente Edgeworth, le decia que “Lucrecia era estúpida y una real pérdida de tiempo”.  En 1770, Sabrina comenzó a cuestionar las técnicas de Day y a quejarse de los quehaceres que tenía que realizar. En diciembre, la convivencia de Day con Sabrina fue cuestionada por la comunidad local. Edgeworth convenció a Day de que su experimento no había tenido éxito. También persuadió a Day de que Sabrina era demasiado mayor para vivir con él sin un acompañante. Day pareció aceptar el punto de vista de Edgeworth, ya que pagó a Sabrina para asistir al internado de Sutton Coldfield en Warwickshire a principios de 1771. Permaneció en el internado durante tres años, incluidos los fines de semana y días festivos, con visitas poco frecuentes de Day. La escuela normalmente se enfocaba en preparar a las hijas de la alta sociedad para el matrimonio, con temas como la costura y las artes. Day estipuló que se le iban a enseñar materias académicas, pero que no debía bailar ni aprender música. [41]

En 1774, Day visitó a Sabrina para informarle que sería aprendiz de Parkinsons, una familia de modistas, ya que Day creía que la profesión no la expondría a la tentación. Ella fue entregada a la familia con la condición de que debería trabajar duro en las tareas domésticas y se le nieguen los lujos. Los Parkinson, sin embargo, trataron bien a Sabrina, en la medida en que Day más tarde los castigó por no inculcarle “industria y frugalidad”. Menos de un año después, el negocio de los Parkinson se declaró en quiebra, dejando a Sabrina sin un aprendizaje y sin un lugar donde vivir. Day arregló que ella se quedara con sus amigos, la familia Keir, e insinuó que ella podría asumir el papel de ama de llaves en su propia casa. Day volvió a considerar a Sabrina, que ahora tenía 18 años, como esposa potencial, pero no le hizo saber sus intenciones, ni que su educación formaba parte de su experimento.

EL FINAL DEL EXPERIMENTO

En 1783, Bicknell buscó a Sabrina y le propuso matrimonio, diciéndole la verdad sobre el experimento de Day. Horrorizada, enfrentó a Day en una serie de cartas; admitió la verdad, pero se negó a disculparse. Sabrina se casó con Bicknell, y la pareja tuvo dos hijos antes de su muerte en 1787. Sabrina se fue a trabajar con el maestro de escuela Charles Burney, dirigiendo sus escuelas.

En los primeros años del siglo XIX, la escritora Anna Seward y Richard Lovell Edgeworth, intentaron proteger la memoria y el legado de Day, en dos libros que lo describían como una persona amable que trató a las niñas con respeto y cariño como si fueran sus propias hijas, pero fue la propia Sabrina  quien tuvo la palabra final al describir de manera detallada y contundente los abusos sufridos por ella y Lucrecia, tildando a Thomas Day de ser un abusador y haberlas criado prácticamente como esclavas al servicio de sus macabras perversiones.