Por siglos han sido infinitas las referencias a los piratas, ese controversial grupo de hombres, bandoleros, desalmados y navegantes que viven de aventura en aventura surcando las aguas. Así, a través de los tiempos, los piratas han estado presentes en el imaginario del mundo. Son una verdadera leyenda del mar y muchas historias marítimas están asociadas con ellos, aunque no necesariamente de manera positiva.

La mala fama de los piratas sin duda alguna está bien ganada, puesto que, además de su afán por la aventura, comparten la afición por el robo y el secuestro. Después de todo, se trata de una banda dedicada al saqueo organizado por vía marítima. Se cree que los orígenes de la piratería se pueden rastrear hasta los propios inicios de la navegación en la antigüedad.

Como es de esperarse, las zonas con mayor actividad comercial eran los blancos predilectos de los piratas. Su modus operandi consistía en atacar los navíos, secuestrarlos, saquearlos y posteriormente quemarlos para borrar todo rastro del crimen y la matanza. Lejos de tierra firme, la mayoría de las operaciones piratas quedaban impunes y rara vez los responsables eran castigados.

 

Los orígenes de la piratería

 

Las primeras referencias oficiales sobre piratería que quedaron registradas en la historia son del siglo V antes de Cristo. En ellas se hace alusión a la fuerte actividad delictiva en la zona conocida como “Costa de los piratas”, ubicada en el Golfo Pérsico. De igual forma, los piratas azotaron por años el mar Mediterráneo y el mar de China Meridional.

Con el pasar del tiempo, los piratas fueron empleando otros métodos como exigir rescates para devolver las cargas a sus dueños, secuestrar a la tripulación para someterla a extenuantes trabajos o incluso apropiarse de las embarcaciones. Siempre a bordo de sus imponentes barcos piratas, sembraron el terror marítimo y no había navegante que no los temiera. Incluso hoy en día, aunque en menor medida, existe la actividad de piratería mayormente en aguas internacionales.

Uno de los piratas más antiguos del que existen referencias es Plutarco de Samos, originario de Grecia. En los registros históricos consta que en el siglo VI antes de Cristo lideró múltiples expediciones y saqueó Asia Menor. Se dice que llegó a reunir una flota de 100 embarcaciones, lo cual para la época representaba un importante poderío. El alcance de los ataques piratas se expandió considerablemente a medida que aumentó el conocimiento de las rutas marítimas.

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Los corsarios

 

Además de los piratas que operaban por cuenta propia con fines de robo y lucro, el oficio de la piratería tuvo su variante oficial e institucionalizada en los corsarios. Estos eran empresarios particulares dedicados a la navegación y el comercio marítimo, por lo general poseían mayor formación que los piratas comunes y, por supuesto, más recursos. Llevaban a cabo negociaciones con los gobiernos y estos los contrataban para asaltar naves enemigas.

Así, se establecía una patente de corso entre el Estado y los corsarios para atacar y saquear embarcaciones. Esta patente implicaba ciertas obligaciones y proveía garantías para los empresarios marítimos, como por ejemplo ser considerados y tratados como soldados de un ejército y no como criminales comunes. Aunque en la teoría este convenio marcaba la diferencia para los corsarios, en la práctica muchas veces se les veía como piratas vulgares y corrientes.

Uno de los corsarios más famosos y conocidos a escala mundial fue Francis Drake (siglo XVI). Otro de ellos fue el español Amaro Pargo, destacado en la Edad de oro de la piratería. En Inglaterra la piratería se convirtió en un negocio legítimo que devengaba incontables beneficios económicos. Los monarcas, como Enrique VIII y la Reina Isabel I, expedían las patentes de corso, a cambio de parte del botín. Las patentes fueron consideradas por muchos simples permisos para robar.




Corsarios y piratas


La homosexualidad en la piratería

 

Considerando que en los barcos piratas la tripulación solía estar conformada en su totalidad por hombres, las relaciones homosexuales eran bastante difundidas y aceptadas. De hecho, las relaciones de compromiso con mujeres en tierra firme, que no fueran prostitutas, no gozaban de aceptación entre los piratas. Esto porque se consideraba que producto de los vínculos y compromisos con las mujeres, los piratas perderían la libertad absoluta de la que gozaban en su vida errática.

Tomando en cuenta que los piratas llegaban a amasar grandes fortunas, fueron pioneros en la unión legal entre hombres que tenía su sustento en la institución conocida como matelotage. Este convenio garantizaba que, en caso de morir un pirata, su compañero recibiera sus bienes y botines. El matelot solía ser el pirata más joven, de pocos recursos, que estaba aprendiendo los oficios de la actividad marítima. Era el compañero sexual y sentimental del pirata experimentado.

 

Los vikingos

 

Los vikingos fueron los verdaderos reyes de la piratería por mucho tiempo. Se hicieron gran renombre por su carácter sangriento y despiadado, así como por sus infalibles ataques. También se distinguieron por una importante participación femenina, en oposición al resto de los grupos, donde las actividades piratas estaban prácticamente limitadas a los hombres.

Los registros indican que incursionaron en la piratería en el año 693 y continuaron hasta poco después del año 1000. A continuación el itinerario conocido de sus primeras operaciones:

Por más de 300 años, los vikingos se dedicaron a expandir sus dominios territoriales, mediante invasiones, saqueos marítimos y acumulación de riquezas y esclavos. Nunca buscaron obtener patentes de corso ni supeditarse a ninguna autoridad, sólo se regían bajo sus propios términos. Después del año 1000, en medio de un mundo cambiante en el que las negociaciones entre naciones estaban en apogeo, la actividad pirata vikinga disminuyó considerablemente.

Nave Vikinga

Los bucaneros

 

En el apogeo de los corsarios, que muchas veces fueron considerados héroes en sus países natales, los piratas que actuaban por cuenta propia no desaparecieron. Estos entonces pasaron a ser conocidos como bucaneros e incluso llegaron a crear la Cofradía de los Hermanos de la Costa. Establecieron una base internacional en la Isla de la Tortuga, actuaban de forma organizada e incluso crearon su propio código.

El código de la cofradía se basaba en los siguientes preceptos:

  • Ni prejuicios de nacionalidad ni de religión.
  • No existe la propiedad individual.
  • La cofradía no tiene injerencia en la libertad de cada cual.
  • Si un cofrade abandona la sociedad, jamás será perseguido.
  • No se admiten mujeres.

Siempre hubo mucha polémica alrededor de la figura de los piratas por ser considerados viles criminales. Sin embargo, hasta nuestros días perviven en el imaginario moderno como aquellos forajidos rebeldes, que no se sujetan a ninguna ley y recorren el mundo en busca de aventuras y riquezas. No es de extrañar que grandes industrias del entretenimiento hayan retomado sus leyendas para crear series de aventuras como One Piece o Piratas del Caribe, generando una gran acogida y cuantiosas ganancias.