Apariencia física del hombre lobo
Un licántropo fácilmente puede pasar desapercibido en la sociedad puesto que a simple vista luce exactamente igual que el resto de los hombres. Las diferencias son muy sutiles ya que radican principalmente en la agudeza de los sentidos, como un olfato muy desarrollado, un oído fino y una visión perfecta. Además suelen contar con una excelente forma, grandes destrezas físicas, resistencia, fuerza y ser un poco velludos.Una vez que tiene lugar la transformación, el hombre puede convertirse en un lobo de gran tamaño que se desplaza a cuatro patas o bien en una criatura humanoide que se desplaza erguido a dos patas. En su forma de lobo se moviliza en manadas controladas por un macho alfa y merodea en los territorios aledaños a su guarida en busca de carne humana o de otros animales más pequeños para alimentarse.
hombre lobo
Causas para la conversión en hombre lobo
Una de las particularidades del mito del hombre lobo es que parece no afectar al género femenino y que la transformación, en la mayoría de los casos, no es voluntaria. En sus orígenes, que se pueden rastrear hasta Europa, la creencia en los hombres lobo estaba relacionada muchas veces con la magia negra y diversas supersticiones de la cultura popular. Las causas que se han atribuido a través de los tiempos para la conversión de un humano en hombre lobo son las siguientes:- La mordida fatal de otro hombre lobo.
- Dormir desnudo y expuesto a la luz de la luna llena.
- Mantener relaciones sexuales con otro licántropo.
- Beber en un recipiente donde hubiera bebido antes un hombre lobo.
- Una maldición proferida por un mago o bruja.
- Cubrirse con la piel de un lobo.
- Ingerir plantas venenosas.
- Vestirse con prendas hechas con piel de lobo.
- Ser un varón nacido después de gemelos.
- Ser un varón nacido después de sextillizas.
- Beber el agua que caiga sobre una huella de lobo.
- Usar un cinturón confeccionado con piel de lobo a la luz de la luna.

hombre lobo en luna llena
El hombre lobo en la mitología griega
De acuerdo con la mitología griega, el primer hombre lobo en el mundo antiguo fue Licaón. En su nombre podemos rastrear la etimología que dio lugar al término “licántropo”. Licaón fue un rey de gran sabiduría y con un carácter culto. Tenía unas creencias religiosas muy arraigadas y era reconocido por haber transformado a su pueblo desde el salvajismo hacia la civilización. Sin embargo, conservó algunas costumbres salvajes como la matanza y el sacrificio humano a los dioses.En una oportunidad Zeus, el rey del Olimpo, acudió a los dominios de Licaón a ver si los rumores de que mataba a todos los visitantes eran ciertos. El monarca supo con antelación de quién se trataba y rindió un banquete en su honor. Sin embargo, no pudo controlar sus instintos sanguinarios y ordenó que sirvieran a Zeus la carne de un hijo suyo para que la comiera. Esto desató la ira del dios y condenó a Licaón y a todos sus descendientes a ser hombres lobo.A partir de ese momento, Licaón ser convertía en hombre lobo cada vez que ingería carne humana, al igual que todas las generaciones de su descendencia. Podemos encontrar diversas referencias a licántropos en la antigüedad. Autores como Ovidio, Plinio el Viejo, Heródoto y Virgilio recogen diversas variantes del mito del hombre lobo. Posteriormente Cayo Petronio, en su novela Satyricon del año 60, reflejó la historia de un hombre que se convertía en lobo.
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El hombre lobo en América del Sur
En países como Argentina, Uruguay y Paraguay, la leyenda del hombre lobo caló profundamente en la población y se fusionó con la creencia popular en el lobizón o luisón. Así, el séptimo de los hijos varones estaba condenado a convertirse en un licántropo. Esto se convirtió en un verdadero problema en la sociedad porque las familias, temerosas de que la conversión tuviera lugar, abandonaban a sus hijos, los daban en adopción e incluso los asesinaban.A principios del siglo XX, el temor hacia el hombre lobo era tal que el gobierno argentino tuvo que intervenir apadrinando a las criaturas afectadas y ofreciendo incentivos a las familias para que no abandonaran a sus hijos. Otorgando becas escolares hasta los 21 años, así como medallas bautismales de oro, se logró disminuir el abandono de los séptimos hijos e ir disminuyendo la superstición popular también presente en la cultura gallega, portuguesa y brasileña.
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