Desde el inicio del Pontificado siempre fue recurrente la idea de su final, cuando sucedería y quien sería el último en el papado. Sin embargo, ninguna de las predicciones sobre el fin de la Iglesia o de la humanidad, es tan fiables como las profecías de San Malaquías. Pero ¿Quién era San Malaquías, y por qué es un santo? Nacido en 1094 en Armagh, una ciudad ubicada en Irlanda del Norte, su nombre es célebre por dos famosas profecías que se le atribuye, una de ellas la “Profecía de los 112 Papas”.

En 1139 San Malaquías fue convocado por el Papa Inocencio II, a visitar Roma. Cuando se encontraba allí, experimentó una visión de los futuros papas hasta la segunda venida de Jesucristo. Así, San Malaquías escribiría 112 lemas o frases breves en latín describiendo a los futuros Papas. Se dice que este documento fue guardado en los archivos secretos del Vaticano, y fue descubierto por un bibliotecario del Vaticano.




San Malaquías, las famosas profecías de este santo.

PROFECÍA DE LOS “112 PAPAS”

Las profecías de San Malaquías constan de una serie de 112 pequeños lemas o frases en latín, sin numerar, haciendo alusión alegórica a los 112 papas que gobernarían la Iglesia Católica desde el Papa Celestino II (1143-1144) hasta el último pontífice, incluyendo a los llamados antipapas. El último Papa al que alude San Malaquías lo identifica con el lema “Petrus Romanus” (“Pedro El Romano”).

Para este artículo nos centraremos en los papados más cercanos a nuestros días, comencemos con el número 105 “Fides intepida” o “La fe intrépida” se hace alusión al papa Pío XI, que gobernó entre los años 1922 y 1939. Pues bien, la profecía “encaja” de lleno en la trayectoria de este papa y en su “intrépida fe”. En 1925 proclamó la realeza de Cristo. En 1928 defendió el carácter reparador del culto al Corazón de Jesús y en 1933 instituyó el Año de la Redención. Esta “fe”, especialmente “intrépida”, alcanzaría su máximo nivel con la publicación de dos valientes encíclicas: una contra el comunismo y la otra contra el nazismo hitleriano.

¿Y qué decir de la profecía 106? El lema dice textualmente: “Pastor angelicus” o “El pastor angélico”, en una clarísima alusión al siguiente papa: Pío XII (1939-1958). Curiosamente, la familia Pacelli Etigenius en la que nacería Pío XII luce en su emblema la paloma de Noé. Y según el análisis de los investigadores el lema “pastor angelicus”, que tiene resonancias bíblicas, significa “un pastor mensajero” o “que anuncia”. Pío XII presenta en su nombre y apellidos notables señalamientos: “Eugenio”, que quiere decir “de buena raza y noble de condición” y “Pacelli”, que procede de “pace” (paz). Su escudo, que corresponde al apellido familiar, presenta la paloma del arca de Noé con el ramo de olivo en el pico, sobre un monte y el agua del diluvio. Es la paloma “noética mensajera de la paz” de Dios sobre la tierra que la anunció al regresar al arca. En otras palabras, un “mensajero de paz” o “pastor angelicus”. Por otra parte, Pío XII ha quedado retratado como un auténtico “mensajero de paz” entre los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Encíclica de San Malaquías con los las frases que describen a 122 Papas.

Lema o profecía 107: “Pastor et nauta” o “Pastor y navegante” destinado al inolvidable Juan XXIII (1953-1963). Cuando fue elegido Pontífice desempeñaba el puesto de cardenal – patriarca de Venecia y recibía el título de “Pastor Venetiarum” o “Pastor de Venecia”. El propio Juan XXIII, en la tercera sesión del Sínodo Romano de 1960, declaró abiertamente que la imagen de Jesús que había dirigido su vida eclesiástica era la del Buen Pastor. Y todos, sin excepción, reconocerían que la vida de este Papa fue la de un “maravilloso y buen pastor”, así como un notable “navegante” y “piloto”, capaz de “guiar la nave de San Pedro como nadie hasta esos momentos”. Como es sabido, el Concilio Vaticano II constituyó uno de los más importantes “giros” en el rumbo de la Iglesia. Y resulta igualmente asombroso que la palabra “nauta” aparezca tan sólo en dos ocasiones en toda la profecía. Una para designar a Gregorio XII, en 1406, y la otra con Juan XXIII. Curiosamente, ambos papas tuvieron relación con Venecia, la ciudad de los navegantes. Gregorio XII era natural de dicha capital y Juan XXIII, como fue dicho, ocupó el patriarcado de esta antes de su elección como Papa. La profecía, nuevamente, se había cumplido.




PABLO VI, FLOR DE FLORES

El siguiente en la lista, el papa 108, fue Pablo VI (1963-1978). Su lema: Flos florum o Flor de las flores. Asombrosamente, en el escudo de este pontífice figuraba, y por triplicado, la Flor de Lis: la flor de las flores. Debemos de reconocer el rotundo acierto de la lista a 368 años de la publicación, sin embrago, la profecía más exacta sería la del papa Juan Pablo I.

Con el lema 109 “De medietate lunae” o “De la mitad de la luna”. El nombre de Juan Pablo I, era Albino, su apellido, Luciani; pues bien, el primero forma pareja con el segundo: “luz blanca”. Justamente, el color de la luna. Su lugar de nacimiento Forno di Canali, en la diócesis de Belluno o Bellunensis hace referencia igualmente a la luna: “Belluno” (la luna es denominada en latín como “Luno”, en masculino). “Luno” y “Belluno” son, por tanto, nombres de origen romano. Por otro lado, la elección de Juan Pablo I ocurrió el 26 de agosto de 1978 a las seis de la tarde. Esa misma noche (del 25 al 26) fue el día astronómico de la “media luna”. También su nacimiento, acaecido el 17 de octubre de 1912, ocurrió en cuarto creciente. Y lo mismo sucedió con la fecha de su ordenación sacerdotal, 7 de julio de 1935; con la elección como obispo de Venecia, 15 de diciembre de 195, y como patriarca de dicha ciudad, 15 de diciembre de 1969. En cada una de esas importantes conmemoraciones, la luna se hallaba “en su mitad”. En cuanto a la última fecha, quizá la más notable, su designación como pontífice, también coincidió con la “mitad de la luna”.

Y llegamos al papa Juan Pablo II, el lema número 110 dice “De labore solis” o “De la fatiga o el trabajo del sol”. Y fue a “coincidir” con el cardenal polaco Karol Wojtyla, designado sucesor de san Pedro el 16 de octubre de 1978. Porcellié, en su libro Lexikon señala que “labor”, en latín, significa, en primer lugar, “una caída de fuerzas” del que actúa. Esto se presta a una doble interpretación. Primero: estamos ante un papa que “vino del frío”. Juan Pablo II procede de un país con un sol “sin fuerzas”, donde los ríos y lagos se hielan en invierno y en el que las temperaturas invernales descienden hasta treinta grados bajo cero. Segundo: el 13 de mayo de 1981, en opinión de los estudiosos de la profecía, con el gravísimo atentado de que fue objeto el pontífice, se produjo un evidente “desfallecimiento” y. “caída de fuerzas”, tanto en la persona de Juan Pablo II como a nivel eclesiástico y yo diría que de toda la comunidad mundial.

¿EL ÚLTIMO PAPA?

Hablemos del actual Papa Francisco, el Papa 112 desde Celestino II, sería el temido “Peter Romanus”, en su traducción, “Pedro El Romano”; el último Papa antes de la segunda venida de Jesucristo. Este religioso nacido en Argentina, después de ser elegido Papa, hizo hincapié en su título de “Obispo de Roma” de una manera única, evitando los demás títulos asociados al cargo de Sumo Pontífice. También es el primer Papa que ha firmado su nombre, en el directorio oficial del Vaticano, en italiano (idioma de los romanos modernos) en vez de latín. Cuando se le preguntó en una conferencia de prensa en noviembre de 2014 si al viajar, como sumo Pontífice, se sentía como obispo de Roma o como arzobispo de Buenos Aires, respondió “Soy romano”. Sin mencionar que este Papa eligió el nombre del santo más conocido en Italia: San Francisco de Asís, ciudad ubicada a dos horas de Roma (El segundo nombre de San Francisco de Asís, al igual que el de su padre, curiosamente era Pedro).

La última encíclica de san Malaquías dice: “En persecución extrema, en la Santa Iglesia Romana reinará Pedro el Romano quien cuidará a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas [probable alusión a Roma, pero Jerusalén también tiene 7 colinas] será destruida y el Juez Terrible juzgará a su pueblo. Fin”.